Josep Gallemí me había contado algo de un gran castaño que había en las laderas del Montseny. Muy famoso. El cual en su interior cabían varias personas de pié y todo. Esto hablando una vez de los fabulosos castañares y hayedos que se extienden por las extensas laderas del Montseny. Así que un día decidí organizar una excursión para visitar dicho castaño y de paso intentar hacer alguna cima nueva de la misma montaña y recorrido por sus laderas y escondites.
Nos debíamos acercar a la parte de la montaña más cercana a Cánoves, al sur de la montaña, en el macizo del Plá de la Calma, el más bajo de los 3 macizos del Montseny. También al vallecillo que se internaba en el macizo por un pequeño embalse, el que tenía el nombre del mismo valle: Vallformès. Por ello el pasado frío sábado 7 de febrero nos acercamos Pilu, Nuri y yo para visitar y recorrernos dicha zona.
Lo primero con lo que te topas es con un parking vigilado en el cual debes de pagar unos 3 o 2 € por dejar el coche allí o en el siguiente parking más arriba y cerca del embalse. Eso después de salir del pueblecillo de Cánoves y meternos por una pista montaña arriba, vallecillo arriba, el cual tiene un bonito recorrido junto a la rivera de la Riera de Vallformès que recorre dicho vallecillo desde casi el pueblecito hasta la misma base de la presa. Espero a Pilu y Nuri que vienen de Girona para aventurarse y descubrir las dimensiones de este castaño y esta parte menos conocida o visitada del Montseny.
Una barra impide la subida de los coches pista arriba hasta la parte más alta de la presa que guarda el Pantá de Vallformès. Arriba, casi en sus orillas, la pista o camino sigue por la derecha del embalse adentrándose valle a dentro. Hay suficiente agua en el embalse y aparece algo soberbio comparado con el parecido pequeño lugar. El valle se muestra con unos perfiles característicos de magnífico valle bien definido: con lomas altas, boscosas, diferenciadas que lo bordean, lo limitan, y un final o la parte más alta del valle, la parte final, abrupta, parecida y curiosa como si fuera un verdadero circo de comienzo de alto valle: Vallformès. El día aparece frío pero muy soleado. La nieve nos acompañará en las alturas y parte más umbrías del recorrido, de la montaña; será un recorrido bonito.
La pista sigue paralela a la orilla del pantano hasta que llega a su cola, donde el embalse de agua atrapada se convierte en rio, en riera y parece que el agua es más libre. Justo aquí un cartelito indicador de lugares y un desvío de la pista a un camino que, a la derecha, se interna en otro vallecillo si cabe más umbrío, estrecho, boscoso y frondoso. Los carteles nos indicaban la dirección de uno de los objeticos que tenemos en este recorrido: El Castanyer d’en Cuch. El camino no tiene pérdida; va subiendo y recorre lugares en sombra frondosas con nieve en su suelo y rincones. Los lugares tocados o pincelados por el blanco meteoro se convierten en extraordinarios, hermosos y casi místicos.
El camino atraviesa hermosos lugares boscosos con árboles de rivera y de nuevo la nieve que los untan y dificultan el caminar por el mismo camino, pero que a la vez convierte el lugar en un sitio fríamente hermoso. La sombra aún nos invade. Más arriba el camino hace una curva y atraviesa la rivera, el arroyo que recorre el fondo del mismo vallecillo, y cambiamos la dirección que llevamos este, noreste a oeste. El sol intenta iluminar esta ladera que mira más hacía el sur, pero las sombras del bosque, de las encinas y quercus no dejan que se funda la nieve del suelo con su calor. Encontramos un cartel indicador “Castanyer d’en Cuch” “Casa del Bosc”. Ya estamos muy cerca del enorme ejemplar. Acto seguido la pista se divide en dos; el que baja a la izquierda nos lleva en pocos metros y después por una rica sendilla, hasta el esperado castaño. Después tendremos que volver al cruce para dirigirnos por la otra pista en busca de la Casa del Bosc.
Y enseguida entre encinares, bancalitos aterrazados, en la inclinada ladera de la montaña nos topamos con el enorme castaño. El lugar está preparado para que la gente llegue y visite el árbol. Los neveritos también dejan su toque mágico al lugar. Hacemos fotos por fuera y dentro del castaño. Verdaderamente no es muy bonito ni majestuoso pero es espectacularmente ancho en su tronco y grande… igual es por la perspectiva desde donde lo vemos u observamos. Hay oberturas que hacen como de puerta y ventanas, nos metemos dentro ¡Si que es grande, sí! Dentro de su hueco tronco cabemos varios, 3 o 4 personas según lo apretado que quieras estar. Extraordinario. Parece una gigantesca araña patas arriba ¿Cuántos años debe de tener el ejemplar?
Dejamos el Castañar de Can Cuch y subimos por la pista hasta la seguida Casa del Bosc. Parece un restaurante o lugar de esparcimiento: hay columpios y una terraza con vistas. Ya estamos algo altos y las vistas comienzan a agrandarse: vemos los vallecillos por los que hemos entrado al Montseny y la nevada y boscosa ladera de enfrente y contraria a la que subimos, que será la que escojamos para bajar de la montaña. El día sigue siendo frío pero soleado, perfecto. Esta casa está justo en una curva del camino, girando por la ladera y subiendo poco a poco. Hay una especie de barrera; hacemos caso omiso y seguimos la subida por el mismo.
Después de un recorrido por el camino, girando de nuevo y cambiando de dirección, cogemos otro maltrecho caminillo más deshecho que sale de éste hacía la derecha y arriba en busca de la parte alta de la loma por la que subimos. Ahora el lugar se despeja de tanta arboleda, pero la nieve abundaba en algunos puntos del camino. La subida es latente, la notamos. Pero enseguida el maltrecho camino acaba junto a las ruinas de una casa en la parte más alta de la loma. La nieve abunda por aquí, ya no la dejaremos de pisar hasta la cima de la sierra, de la montaña. Las ruinas son la antigua construcción de Masdèu. Nos paramos aquí. Nos topamos con otros visitantes de la sierra y nos dicen por donde sigue la senda, el recorrido hacía el Suï; y efectivamente por detrás y al otro lado de la casa (al que hemos aparecido) observo una especie de senderito entre la maleza y viejos bancales invadidos por la naturaleza, con un hito en su inicio, y otros hitos que le siguen en la distancia ¡Este es el camino!
Y efectivamente Pilu, Nuri y yo seguimos dicho senderito, con sus hitos, hacía el norte, noreste en busca de la parte más alta de la montaña y a la vez internándose en la ladera de la izquierda de umbría y boscosa de la misma montaña que pisamos. Es un brazo de la sierra que baja del Turó d’en Cuc (Cuch) hasta el Morró Negre y el mismo valle de Vallformès. La senda pasa por lugares muy boscosos, hermosos hayedos y ejemplares, frondosos encinares todo con una considerable cantidad de nieve en el terreno ¡Extraordinario! Por suerte alguien ya ha pasado no hace mucho por aquí y su huella nos ayuda a seguir la senda y recorrido escondido bajo el blanco meteoro. Aunque el terreno nos da indicadores del sendero bajo los troncos, ramas de los árboles, perfil del terreno… pero no es fácil reconocerlo bajo la nieve en ocasiones… si no fuera por las huellas.
Esta parte del recorrido me sorprende. No esperaba encontrarme este bosque, hayedo, encinar tan frondoso, cerrado y encantador cubierto de fría nieve. Aquí no nos encontramos con nadie y parece que la soledad nos pierde un poco en la ruta a seguir. Hay que llevar cuidado de no salirnos de la supuesta senda. Pero llegados a un punto a más altura, el bosque se despeja y debemos buscar el mejor camino, monte a través hasta llegar al límite de la montaña, hasta la cima de la loma que hemos ido subiendo hasta su unión con el cordal principal que une El Suï con el Turó de Samon sin árboles. Estamos en un espacio abierto y casi llano desde el que vemos la otra vertiente de la montaña, desde la que podemos ver las nevadas cimas de las cúspides más altas del Montseny: El Turó de l’Home a la derecha y el Matagalls a la izquierda. Estamos en el Coll del Roure Gros (1.216 mts.).
Fotos al resto del Montseny. Mi zoom recoge los perfiles escarpados de Les Agudes, casi puedo sentir la roca de los escarpados Castellets. Un corto descanso y enseguida seguimos la subida y fácil loma de la izquierda hacía El Suï que ya lo tenemos muy cerca. Estamos a unos 100 metros de desnivel solamente… son minutos de diferencia hasta la cima. Con el fondo tras nuestro del otro pico que queremos subir en el recorrido, el Turó de Samon, nevado y como un simpático y altivo muro oscurecido por este lado, oculto a los rayos de un sol que no calienta en demasía. Y por fin ya estamos en la pedregosa y casi llana cima de El Suï a 1.318 mts.
Descansamos y almorzamos en la cima. Vemos como llegan algunos runners que se entrenan viniendo desde las inmediaciones de La Calma, El Plá de La Calma, que nos queda justo al otro lado del pico y siguiendo las alturas de la montaña por esta parte hacía el norte, noroeste; un casi perfecto llano en altura, sin picos ni cimas reconocibles, desde el cual se vierten sus lados, límites y laderas en bajada hacía los valles y otros cordales más escarpados. Realmente dá la impresión de ser un lugar en calma, silencioso y tranquilo al no haber esforzados y altos picos; no hay nada más alto en esta parte de la montaña que el propio Pla de La Calma. Fotos y risas en el lugar. Las vistas son impresionantes: la mirada entorno al macizo del Montseny desde aquí es muy lustrosa, perfiles y formas diferenciadoras en cada montaña del mismo tocadas ahora por la nieve blanca y fría. A lo lejos descubro el Tagamanent, y con el zoom de mi Canon acerco sus muros y curiosas formas medievales hasta mis retinas y recuerdos.
Pero debemos acercarnos al otro pico que quiero visitar en este recorrido: el nombrado Turó de Samon. No está demasiado lejos, solo hay que desandar el camino recorrido hasta el Coll del Roure Gros y seguir el mismo cordal cimero perdiendo el mínimo de altura hasta la otra fácil cima con poco desnivel subida. Entonces seguimos el cordal cimero y que une ambos picos. La nieve sigue abundando arrinconada en ventisqueros o en terrenos al reses del viento, del sol. La marcha es fácil.
Llegamos a un punto donde nos sorprende un poste en el que nos indica las cercanías de un Pozo de Nieve, el Pou de Glaç d’en Cuc. Queda un poco a la derecha de la senda en la misma cima de la loma. La visitamos. No es gran cosa, pero se aprecia perfectamente el agujero circular perfecto. Seguidamente mientras andamos por la senda hacía el sureste en busca del pico objetivo, me desvío a la derecha unos metros y arriba para “coronar” el Turó d’en Cuc de alrededor de unos mil doscientos cincuenta metros de altura. Atrás queda la resuelta figura del Suï: una suave colina con un punto diferenciado más alto como la cima del mismo pico.
Ahora bajamos al Coll del Pou d’en Besa, y es que ciertamente hay otro pozo de nieve escondido entre los hayedos en la ladera contraria al vallecillo de Vallformès (que queda a la derecha), o sea, en la ladera de la izquierda que mira al Turó de l’Home. Bajamos entre la espesa y abundante nieve en la búsqueda de este pozo de nieve, pero desistimos al no dar con la senda o recorrido escondido bajo la abundante nieve, y volvemos al collado. Nos topamos con más gente, menos excursionistas y más pinta de domingueros abrigados como si estuviéramos en el Polo. Y nos encontramos a esta gente porque al collado llega una fácil pista, una que atraviesa la montaña desde el sur al norte, desde Vallformès a la vertiente contraria.
Ahora enfrente tenemos la loma y cordal directo de subida al Turó de Samon. Se acaba el camino, pista y ahora una senda que se interna entre las rocas y agrestes rincones de la montaña, sube hacía la cima del pico. Antes debemos pasar por el Turó de Pinovell sin percatarnos ni diferenciar su presencia en el recorrido. Al otro lado del supuesto Turó de Pinovell un colladito lleno de arbustos y vegetación rastrera y menos arbórea. Un cruce de sendas. Un hito nos indica un desvío, deberemos volver a este punto a la bajada si no encontramos una bajada directa hacía el sur desde el Turó de Samon. Por suerte tengo el viejo mapa de Alpina, restaurado encontrado aquella vez en el Turó de l’Home, y éste me muestra el camino a seguir y los diferentes puntos y referencias a tener en cuenta. Mientras debemos seguir subiendo por la solitaria senda oculta entre la nieve pero el terreno nos señaliza el camino a seguir. No hay pérdida: es toda la columna de la montaña por su lado más alto hasta llegar a la medio roqueda y alargada cima con un pilón o eje geodésico en su parte más oriental.
Y así llegamos entre el frío y la nieve a la cima del Turó del Samon a 1.267 mts. Atrás vemos el Suï como veíamos antes la cima del pico que pisamos ahora. De nuevo tomamos algo, comida, agua… fotos y llamo a Anna que no ha querido acompañarnos esta fría mañana. Fotos a las impresionantes y hermosas vistas. La nieve le dá un toque enternecedor y encantador a la montaña, la hace más hermosa, fabulosa pero inhóspita, prohibida. De nuevo un mirador al resto del Montseny empapado por esa nieve: el Turó de l’Home, Matagalls… Mirando atrás diferenciamos en el cordal cimero la subida al Suï y el montecillo intermedio junto al collado que es atravesado por el camino lleno de nieve, es el Turó de Cuc junto a su pozo de nieve. Fotos de cima los 3 sentados en el pilón; y una vez recreados y descansados, y antes de que el frío nos invada del todo, comenzamos la bajada y retorno al coche por otro camino diferente. Pero ahora desandamos la misma senda hasta aquel crucecillo con el hito de piedra característico ¡Allá vamos!
Llegamos al crucecillo entre la nieve y los matorrales. Parece que el camino o senda que debemos coger no está muy clara, por ello me acerco dejando a Pilu y Nuri junto al hito, para asegurarme que la senda tiene continuidad y está claro el camino a seguir. ¡Adelante, seguimos por aquí! Efectivamente después de adentrarme unos metros por la senda, ésta gira hacía la izquierda, este, sureste. Estamos en el Coll de Pinovell y la idea es bajar por toda la loma sur del Turó del Samon, hasta el Coll de Palestrins. En el viejo mapa de Alpina no sale el enlace entre esta nueva senda y el Coll de Palestrins, pero me parece que en el ICC sí se describe la línea. Por ello seguimos confiados por esta senda. Una senda cerrada, nada amplia y sí estrecha que cruza rincones de altos matorrales que invaden la minúscula pero reconocida senda.
Llega un momento en que encontramos otro pequeño hito y una senda que sale a la derecha y hacía abajo, sur. Por aquí es. No hay pérdida. Esta senda con una bajada bastante perceptible, la anterior era más o menos horizontal sin perder o ganar altura, llega enseguida hasta un claro entre matorrales, vegetación y bosques, llano horizontal y por el que pasan algunos caminos y pistas, se cruzan, se comunican: es el Coll de Palestrins a 1.009 mts. Aquí la nieve también abunda; el claro sin ramas ni impedimentos entre el cielo y la tierra fría y húmeda, es el lugar perfecto para que se mantenga la nieve caída. Hay una balsa y algo de civilización, oímos un tractor o una máquina que ara el terreno, como un monstruo mitológico lo oímos rugir e intuimos su ubicación pero no lo vemos, se esconde misteriosamente para inquietarnos e incluso atemorizarnos en medio de la soledad de esta boscosa montaña. Antes la bajada ha sido por una senda directa y con pocos zigzags entre altos matorrales que no demasiado y frondoso bosque, ya que es cara sur y de solana, poco favorecida para bosques espesos.
Hacía el oeste vemos toda la loma, cordal de la montaña con la culminación en la reconocible cima del Suï al final de la misma. Hay mucho bosque y muy bien cuidado, esta parte del Montseny es solitaria y fantástica. Cogemos el camino que sigue enfrente del lugar de donde hemos salido al claro, éste sigue por la parte noroeste de la ladera al norte y por debajo del Turó de Les Barraques. Estamos en la ladera contraria del valle por el que nos hemos internado buscando el Castanyer d’en Cuch, y ahora buscamos la bajada por la casa, masía que lleva uno de los nombres del lugar: Can Cuch.
La nieve y el frio sigue abundando en esta parte de la montaña, en este fácil y transitable camino. Nos encontramos con más gente, jóvenes domingueros que juega con la nieve en un lado del camino. Y más adelante, mientras subimos levemente por el mismo camino, nos encontramos con el “monstruo” ruidoso: están “podando el bosque” y el “pagés” hace hatillos de leña con la poda de las ramas de las encinas y las sube, ya que pesan mucho, con el tractor que arrastra y embobina una cadena con su motor. Saludamos al “pagés” amigablemente, cosa que nos permitirá tener una conversación y enterarnos de una curiosidad con un bello y enorme ejemplar de encina con el que nos toparemos poco más adelante en el mismo camino, justo cuando comienza a perder altura para deslizarse por la ladera hacía Vallformès. Es una encina espectacular, completa y muy bien ordenada con sus ramas y formas perfectas, hermosas que le dan un aspecto formidable, saludable y magnífico. Le hacemos fotos. El pagés que antes hemos saludado se para ante nosotros y nos habla del árbol; es famoso, sale en un anuncio de televisión (o salía) y se lo quisieron comprar en alguna ocasión… le daban mucho dinero… Realmente es extraordinario y pensando en el árbol no me gustaría que lo trasladaran de su entorno, de su tierra, de su vida, que lo ha hecho así de hermoso y bello. La Naturaleza es sabia ¡No la toquemos, no la maltratemos! Muy amable y simpático este señor dueño y conocedor de estos rincones de la boscosa montaña.
Ahora el camino comienza a descender considerablemente y en zigzag, haciendo curvas muy cerradas. El terreno se afea, el camino se ensanchan en las curvas. Descubrimos algo más abajo una construcción o un conjunto de casas. En una de las curvas cogemos un senderillo que nos dejará junto a la valla de esta casa. Ya estamos en Can Cuch. Hemos bajado mucho en esta parte de la ladera de la montaña y más abajo ya vemos el Embalse de Vallformès. Can Cuch es una gran casa, parece un hotel rural con su restaurante y todo. Es una casa magnífica.
Pasamos por debajo de ella. El camino sale desde uno de sus lados y después pasa por su puerta bajo ella, como si la rodeáramos como si quisiera que la admiráramos desde muchos de sus perfiles; junto a sus jardines y hermosas y cuidadas encinas. Desde aquí vemos otro perfil de la montaña, hay “vecindados”, veïnats con casas repartidas, pocas pero lustrosas, y un templo arriba de una boscosa ladera: es Sant Salvador de Terrades. Pero al final decidimos de no pasar por allí si no buscar una sendilla que nos baje directo hasta el coche. Desde Can Cuch, la pista puede bajar en zigzag directamente hasta la misma presa del Embalse de Vallformès, pero al poco de bajar y en una curva, un maltrecho y descuidado camino sale a la izquierda en busca de las muy boscosas laderas por debajo de Sant Salvador de Terrades. En este viejo mapa Alpina aparece una senda, un caminito, espero que aún existan.
Poco más abajo de Can Cuch y en la curva señalada a una altura más baja de la misma casa aparece el camino a la derecha descuidado y con vegetación que invade el terreno. Por aquí no pasan vehículos ni bicicletas. ¿Dudamos? Vamos a internarnos, espero que el Alpina no nos engañe. Seguimos el maltrecho camino y éste baja algo hasta llegar al lecho de la riera que baja por esta zona. El lugar es precioso de vegetación viva, boscosa y sana, con ejemplares de bosques de rivera y por aquí y allá enredaderas y verde vegetación que invade los troncos y el suelo del lugar, al igual que las abundantes hojas secas de éstos altos ejemplares. Esta parte de la montaña es muy boscosa y hermosa, un paraíso de vida y frondosidad. Nos paramos a admirar el lugar. Fotos y seguimos buscando la senda o camino siguiente, y como nos dice el mapa Alpina, al otro lado del lecho de esta riera seca, el Sot de Can Font, aparece una senda encaramada a la loma escarpada que luego gira igual que la misma ladera pero ni baja ni sube apreciable altitud. Esta senda atravesará un magnífico y espeso encinar con un poco en bajada en busca de Can Morera; otra masía, otra casa dentro de este Veïnat de Sant Salvador o de Muntanya.
La senda es fantástica, sin pérdida y atraviesa un lugar extraordinario de encinares. Justo antes de llagar a Can Morera nos topamos con un cruce de sendas: un hito nos indica como otra senda perpendicular a la que llevamos y que parece baja del solitario templo de Sant Salvador y sigue hacía abajo sin pérdida y muy bien marcada. No le hacemos caso. Más que nada porque según el mapa Alpina la senda que debemos seguir y que también baja tan directa como ésta, sale del mismo Can Morera. Pero al poco tiempo llegamos a la casa, a Can Morera y nos recibe toda una familia de cerdos vietnamitas muy graciosos… pero por más que lo busco no encuentro la senda que baja hasta el parking, hasta las inmediaciones de la presa de Vallformès. Al final después de curiosear el lugar, la curiosa casa, seguimos por el camino transitable que llega hasta la misma. Intentaré buscar otra senda que desde Can Puig nos dejará en la senda que debimos de coger para bajar antes de llegar a Can Morera.
Así pues seguimos la pista, el camino transitable para automóviles. Ésta hace una curva, un giro y comienza a bajar por la ladera de enfrente a Can Morera, al otro lado del Sot de La Font de La Closa. A la derecha y algo más bajo del camino aparece otra casa cuidada y encantadora: Can Pou. Y de repente el tiempo deja de respetar el día cuando una leve nevada comienza a caer y a ventisquear en este ancho camino mientras bajamos. Allá vemos como queda el tejado de Sant Salvador entre la frondosa foresta y el tiempo nevoso, como un viejo templo olvidado fascinante y misterioso. Un cruce hacía la izquierda, no le hacemos caso y seguimos pista abajo. Poco más abajo, parece que por fin estamos saliendo de la montaña, nos topamos con otra casa, una masía usada como casa rural: Can Puig. Desde aquí sale la senda que quiero seguir para recuperar la senda de bajada que no llegamos a coger antes de Can Morera. Entonces nos acercamos hasta las puertas de Can Puig pasando de largo en busca de la parte contraria de la casa y espacio, para encontrar dicho sendero. En un principio no lo encontramos y nos dejamos llevar por un terreno pisado pero sin ser senda.
De nuevo el encinar espeso y vivo, el bosque frondoso del Montseny. Estupendo. Siguiendo la intuición y entre algunas lomas frondosas que te impiden percibir las formas y orientación del lugar, nos topamos con una senda muy bien marcada ¡Ésta es! (Menos mal, ya nos creíamos perdidos y teniendo que volver a la pista para llegar al coche)… pero cometo un error de orientación: cuando llegar a una senda perpendicular a tu dirección y sabes que debes de cogerla, solo tienes una forma de tomarla: yendo a la derecha o a la izquierda por la misma. Si los perfiles y formas de la montaña junto con el Alpina o el mapa de turno coinciden con la dirección que quieres tomar, optarás por la ruta correcta. Si te dejas llevar por el ansia y las prisas sin pararte a decidir, puedes tener un 50% de no acertar… ¡Curioso! esta vez no acerté.
Seguimos la senda hacia la izquierda cuando la tendríamos que haber seguido a la derecha, pero en ese momento no nos dimos cuenta y alegremente seguimos por en medio de aquel bosque fabuloso por una senda estrecha pero muy bien marcada hasta llegar a un lugar que no teníamos previsto llegar. Las ocas fueron las primeras en alertar nuestra llegada, y casi en agredirnos al pasar cerca de los muros de la casa a la que llegamos: Can Mets. Se nos acerca el señor dueño de la casa. Hablamos con él ¿Dónde estamos? ¡Ostras! ¿Qué hacemos? Ya no volvemos atrás; salimos al camino por la que antes bajábamos. Al final hemos dado un equivocado y dulce rodea para llegar de nuevo al feo camino de bajada. Pero bueno lo decidimos seguir hacía el sur por la loma de la montaña hacía el Pass de Muntanya y Can Castells. Realmente si hubiéramos desandando la senda y la hubiéramos seguido en la buena dirección, habríamos llegado antes al coche… pero ya no quería arriesgarme a equivocarme en medio del bosque con las horas que eran, y prefería hacer más camino, más recorrido pero seguro y fiable.
Cruzamos lugares hermosos y boscosos de encinares enormes y frondosos. Llega un momento en que el camino comienza a girar y bajar trepidantemente en zigzag buscando el fondo del valle que tenemos al oeste, abajo. Se hace monótona la pista, igual es porque ya se nos ha hecho larga la ruta improvisada. Llegamos abajo a la pista principal que pasa por el fondo del valle paralela a la Riera de Vallformès, por aquí hemos pasado con el coche para llegar al parking más arriba; por ello giramos a la derecha y norte en busca de dicho lugar. Pasamos junto a un “huerto de pinos”, de árboles de rivera también, altos y espectaculares, mientras caminamos por la amplia pista hacia la presa de Vallformès, hacía donde hemos dejado el coche.
El atardecer nos sorprende entre sus sombras y lo nublado de cómo ha quedado el día, frío y húmedo, invierno en el Montseny. Llegamos al coche y salimos de la montaña con ganas de tomar algo caliente en algún bar de Cánoves. Ha sido una aventura extraordinaria en la que nos hemos recorrido y visitado lugares hermosos y extraordinarios, espectaculares bosques y enigmáticas vistas. El Montseny con sus árboles centenarios, vivos y únicos, es una montaña especial, magnífica, que siempre nos recorreremos y respetaremos.

Croquis del recorrido entre Vallformès y El suï. Punto Verde: parking del coche. Punto Rojo: cruce de sendas antes de llegar a Can Morera. Linea Discontinua: senda que tendríamos que haber seguido