Existen unas paredes largas y continuas que recorren todo el valle de la C-17, el Valle del Congost. Famoso valle que limita por el oeste el macizo del Montseny entre las localidades de El Figaró, Tagamanent, Centelles, Aiguafreda… pero estas paredes están al otro lado del macizo del Montseny, o sea, que no pertenecen a él.
Siempre me atraía la espectacularidad del conjunto de cortes y paredes que casi en línea recta recorren toda la parte oeste del valle. Parecían cortados a cuchillos, casi simétricos y muy estéticos. Así que mirando el mapa de Alpina del Montseny averigüé donde exactamente estaba el centro de estas paredes, estos cingles, y ví justamente el nombre de Cingles de Bertí, con lo que idee una ruta circular para poder ver dichas paredes por arriba (con las vistas que nos pueden ofrecer) y por abajo de las mismas (con vistas a ellas). La localidad ideal eran las casas de Montmany a las cuales llega una carreterilla aceptable que sale de El Figaró. E incluso podíamos visitar edificios y construcciones con historia y cultura: el Santuari y Torre de Puiggraciós, justo arriba de las casas de Montmany, y el Castell de Montmany o dels Moros, a la vuelta para volver al coche. Todo estaba preparado. Además según el mapa Alpina la mitad de los recorridos son P.R. y G.R… no puede haber pérdida.
Entonces el pasado sábado 13 de noviembre organicé una salida mañanera por este lugar. La idea era que fuera mañanera pero casi que pasamos del mediodía… ya sabemos que con un grupo de personas los horarios pueden variar. La idea era quedar en un pequeño parking junto a la carreterilla a menos de 500 metros de Montmany. Antes de que se acabara el asfalto, y desde aquí comenzar el recorrido por Montmany, Santuari de Puiggraciós y ya de aquí en dirección a la parte más alta del comienzo de las paredes de los Cingles de Bertí.
A pocos metros del coche, el caserío de Montmany. Una curiosa construcción donde lo mismo se apilaban caballos que coches inutilizables y quién sabe qué más cosas. Mientras, hemos observado en la loma de enfrente una ruinosa pared que se yergue en lo alto de una loma algo boscosa: son los restos del Castell de Montmany por el que pasaremos a la vuelta en busca del coche. Ahora lo dejamos casi a nuestra espalda. Junto a las construcciones de Montmany hay una iglesilla que tenía intención de visitar pero por la que al final no pasamos… lo digo por si queréis pasar está muy cerca de las casas: Sant Pau de Montmany.
Justo después de una curva del camino (ya hace metros que se acabó el asfalto) y como en la entrada al centro de las casas, giramos hacia la izquierda y casi hacia arriba. Matías nos guía pues dice conocerse el lugar de las veces que ha pasado por aquí en bicicleta. Antes de meternos en el bosque y con las casas de Montmany abajo nuestro, admiramos las paredes y formas de los Cingles de Bertí que quedan alzadas a un lado del valle o mejor dicho cerrándolo por su oeste o comienzo. Preciosa estampa. Por suerte el tiempo, este veranillo de San Martín, nos acompañará con sol y agradable temperatura. La subida para llegar al Santuari puede ser algo perdedora: según dice Matías que es el que nos guió algo por aquí y por ello quizás el descuido en mi memoria de los recorrido en este pequeño tramo, hay una pista, la misma que pisamos, que nos sube hasta la misma Torre y santuario. Pero al poco de comenzar el camino de tierra sin subir demasiado, descubro otro que sale hacía la derecha. Miro el mapa Alpina. No lo veo claro pero seguimos por éste. Más arriba otro cruce: parece que el caminillo sigue por la derecha pero sin subir altura, justo en el momento que sale otro casi recto y a la izquierda que parece quiere coger altura. Creo que lo mejor es seguir el de la izquierda, más que nada porque hay rastro de que alguien ha pasado por aquí.
Pero este camino parece desaparecer en un campo abierto. Hasta ahora hemos estado metidos en el bosque de encinas sin poder ver casi el cielo ni el paisaje. Por el campo abierto giramos hacia la derecha y arriba… éste da la sensación que acaba en otro camino al otro lado del espacio abierto. Lo seguimos. Y así es: acaba en el camino principal que seguimos al principio. Creo que hemos atajado algo; al menos ha sido más divertido e interesante que seguir un aburrido camino o pista… ¡Ya me conocéis!
Ya se intuye la torre o el espacio arriba donde se ubica. Las formas del bosque si alzamos la mirada hacen una forma como de collado, de planicie, como que los árboles no suben más alto, no hay más alturas. Veo otro caminillo con una especie de hito que quiere atajar de nuevo por la derecha. Pero es un caminillo que al final se lo come la vegetación y desaparece… marcha atrás. Pues nada seguimos el aburrido camino que hace una curva para cambiar de dirección y acercarse a la torre que ya la vemos por encima de los pinos y encinas. A la derecha sale otro camino: “este nos llevaría al Coll d’en Tripeta” me dice Matías. Pero seguimos recto sin desviarnos en busca de aquella espléndida y fornida torre que aparece llamativa recortando el horizonte.
Muchos ciclistas y algún que otro cazador. Parece que hay una batida por los alrededores, los perros no paran de aullar y correr perdidos; y vida allá arriba en la parte más alta del camino que seguimos donde está la torre y el santuario. Y así en pocos y fáciles pasos llegamos hasta una cadena que cierra el paso hacia la izquierda a la subida rocosa por parte de automóviles hasta la base de la curiosa y alta torre, y a la derecha la bonita construcción (por este lado) del Santuari de Puiggraciós. Estamos a 699 mts. de altitud. No hemos subido mucho y hemos tardado demasiado para lo corto que es el recorrido… al final se hará más larga la actividad, en tiempo.
Nos acercamos a la Torre de Puiggraciós y al otro lado de la misma, con vistas al valle del Congost y al Montseny con todo su verdor y hermosura, nos paramos a almorzar. Ya hay quien tiene hambre. Tardamos más de la cuenta entre unas cosas y otras y aún nos queda camino que recorrer. Desde el mismo cruce del camino por el que hemos salido y hacia la derecha de nuevo veo marcas de P.R. blancas y amarillas. Seguiremos estas marcas por otro camino que rodea el santuario y sigue hacia el oeste (después de un giro) por la ladera norte de la Serra del Pollancre que no visitamos. Es el P.R. C-33 y nos llevará hasta la misma base de las paredes más al sur de los Cingles de Bertí.
Camino recto sin ya subidas, al contrario, mientras salimos de la ladera y dominios de la Serra del Pollancre bajamos algo de altura para llegar al Coll d’en Tripeta también a 699 mts. muy bien marcado e identificado por cartelitos y señales. Punto que une los Cingles de Bertí con la Serra del Pollancre. Justo antes de bajar al colladito vistas y fotos hacia las paredes que debemos de recorrer ahora, los Cingles de Bertí entorno al Puig Giró. Aparece como una especie de muralla casi al estilo de las fajas de Ordesa en las que las mismas paredes giran rectas ofreciendo mesetas cuadradas y curiosas. Pero estas paredes por este lado no son tan rectas ni cortadas como las del Valle de Ordesa, pero sí muy estéticas y hermosas… lástima del cable de la luz que pasa por en medio de la foto.
Mientras seguimos andando por el camino siguiendo el P.R. acercándonos a la vez a las primeras paredes de los Cingles de Bertí, el compañero de Ester se dá cuenta de que ha perdido la chaqueta. Tienen que volver a buscarla. Afortunadamente la encuentran junto a la Torre de Puiggraciós, lugar donde nos paramos a almorzar, pero el susto ha sido grande ya que llevaba la cartera y otras pertenencias. Entonces seguimos sin ellos dos en busca de una especie de colladito por el que pasa el camino (ahora como enganchado entre las paredes sur del Puig Giró). Justo antes de llegar a este colladito busco un senderillo a la derecha. Antes no podía salir ninguno porque era pared de roca intransitable lo que había. Y lo encuentro: un pequeño hito y el mismo senderillo que se adentra en el bosquecillo de encinas y pinos girando en dirección contraria a la que caminábamos: si por el camino bajo las paredes era hacia el oeste, ahora por el senderillo que tiende a subir poco a poco por en medio de un estupendo bosque, es hacia el este… como si buscáramos la cima del Puig Giró aunque no llegaremos a pisarla.
Es una senda fácil y marcada con pintadas verdes. Ésta nos lleva justo por encima de las paredes sur las cuales hemos atravesado por abajo por el camino, en busca de las otras paredes este que son la mítica imagen de los Cingles de Bertí. Y así es; después de cruzar el bosquecillo la senda nos lleva hasta una especie de mirador en el que podemos ver, desde la esquina sur de los Cingles de Bertí, todo el vallecillo de Montmany abajo, la Torre y Santuari de Puiggraciós… Fotos y parada para admirar el paisaje, comienzo de la andadura por los mismos cingles.
La senda justo en este mirador gira hacia el norte siguiendo la parta alta de las paredes. La seguimos sin pérdida. Siguen habiendo modestas y casi disimuladas, desgastadas marcas de color verde, cosa que nos indica que es una sendilla transitable ésta. Eduard y Matías me dicen que si no pasamos por el Castell del Clascar. Me lio: pasamos por un castillo, el de Montmany y por la Torre de Puiggraciós pero no hay otro castillo señalado en el Alpina que nos pille de camino en el recorrido. Al salir de un tramo de la senda abriéndose el paisaje a nuestra izquierda (a la derecha queda el vacio de las paredes de los Cingles de Bertí, valle de Montmany y al fondo el Montseny) aparece una extraña construcción que tiene entre otras cosas una magnífica torre circular. “Ese es el Castell del Clascar”. Fotografía al monumento. Miro el Alpina y sí que es cierto que sale El Clascar justo en el lugar donde veo el castillo, pero me indica que es una casa y no un castillo. Seguramente los dueños no han querido plasmar que esta casa sea un castillo para que no se llene de curiosos el lugar (pienso yo). Solucionado el misterio del Clascar, seguimos la senda alejada un poco de las paredes de los Cingles de Bertí hasta llegar a otra especie de bajadita y colladito con un cruce de sendas y recorrido. Aquí viene otro lio y pérdida.
Pensando que la senda seguirá junto a las paredes de los Cingles de Bertí giramos hacia la derecha mirando al vacio: primero nos encontramos con una senda que baja mirando de nuevo a la derecha, por aquí no, ésta nos baja a Montmany de nuevo. Encontramos otra en dirección contraria y sin bajar por debajo de las paredes de roca que no está muy marcada… parece un camino de cabras. Y así es, al cabo de poco tiempo de seguirla nos damos cuenta que nos lleva hasta un balcón con un precipicio en las mismas paredes que no nos deja pasar; eso sí, las vistas y el lugar son espectaculares. Retrocedemos. Volvemos al colladito y esta vez seguimos el camino que parece sigue recto según llegábamos la primera vez (yo no quería ir por caminos y buscaba una senda) pero enseguida en menos de 10 metros, las marcas verdes de nuevo nos guían hacia la derecha por otra sendilla mejor y más marcada, con escalones de subida, que es la correcta y la que debemos seguir. Ésta sube por lo más alto de la loma que pisamos dejando la casa de El Sot del Grau a la izquierda y después atrás en una bonita loma y algo boscosa loma según caminamos… al menos el lugar y las vistas de la senda en la equivocación han provocado más de una foto y admiración.
Enseguida esta senda se ensancha y nos saca a un camino, donde en una gran piedra hay escrito “Montmany” y una flecha hacia la dirección por la que nosotros venimos. Seguido y detrás de una gran encima vemos una mesa de piedra con sus banquitos, es cierto lo que viene en el Alpina, es la Taula de Pedra. Una paradilla para admirar el paisaje, ver lo que hemos hecho, lo que nos falta… ahora abajo tenemos justo la loma que separa el valle de Montmany (a la derecha) del Sot del Bac, con el Castell de Montmany en medio de esta verde loma. Siguiendo la línea de las paredes de estos Cingles de Bertí hacia el recorrido que nos falta por hacer, hacia el norte, descubrimos una peculiar roca que sobresale del resto, es La Trona, por allí tenemos que pasar a la bajada de este recorrido sobre las paredes… también tenemos todo el macizo del Montseny enfrente nuestro con el curioso Tagamanent y detrás la cima del Matagalls… no hay que perder ocasión para fotografiarlos y que se nos quede su imagen en nuestra memoria.
Seguimos la marcha después de esta pequeña parada para comer algo y admirar el paisaje (la mesa de piedra está enclavada aquí por eso). El camino deriva en una pista por la que pasan unas ruidosas motos de motocrós. No llegamos a ésta, enseguida y mirando el Alpina aparecen las marcas del G.R.-5 y las seguimos justo por debajo y a pocos metros de dicha pista, a la derecha, hacia el norte y sin pérdida. El recorrido ahora es casi llano, horizontal, sabiendo que a la derecha nos quedan los precipicios, a veces más cerca y otras más lejos, de los Cingles de Bertí. En ocasiones nos asomamos a dichos precipicios y admiramos el paisaje, el vacio, hacia el norte vemos la roca de La Trona más grande, nos vamos acercando a ella. No perdemos el G.R. hasta que llegamos a un lugar donde la senda es un pasillo de roca entre la gravilla, a la derecha se nos queda el bosquecillo, a la izquierda prados y una masía (Rajadell) entre los bosques cimeros de las lomas y montes circundantes. Al final del pasillo de roca madre sobre la planicie nos encontraremos un cartelito y un poste indicador: solo hay que seguir su dirección para emprender la bajada hacia el Coll de Pedradreta pasando por La Trona. Ahora dejamos el G.R. para seguir otras marcas blancas y amarillas, un P.R. por el “Itinerari: Els Cingles de Bertí”.
La bajada que en el Alpina aparece como fulminante y con mucha vuelta y revuelta con zigzag no parece tanto como lo pintan. Eso sí, bajamos altura rápidamente por en medio de una senda muy bien marcada, casi con escalones de piedras unidas, y ancha. Llegados a un punto las vistas del recorrido realizado o mejor dicho de las paredes de los Cingles de Bertí los cuales hemos pasado por arriba, mirando hacia la derecha y sur, son preciosas e impresionantes. “Esta es la subida a La Trona, subimos ¿no?” nos dice Matías. Y así cogemos otra sendilla en medio del bosquecillo que en pocos metros nos sube hasta el increíble y magnífico mirador de la cima de esta roca, esta gran roca, La Trona. Fotos y admiración por las vistas, por el paisaje, entre bosque y bosque aparecen las verticales paredes, rojizas, anaranjadas por su origen calizo; forman casi una línea recta de paredes a lo largo de toda la montaña, cortando el espacio, las lomas inclinadas como si fueran trozos de montaña unos encima de otros. Antes las hemos visto desde el principio del otro extremo que vemos ahora al fondo, ahora desde La Trona que se podría decir no es el otro extremo de las paredes, de los Cingles de Bertí, más bien parece estar en medio de todo lo largas que son. Pero sí es el otro extremo de nuestro recorrido. Sencillamente precioso.
Después de las fotos y los minutos de admiración del paisaje y recorrido realizado por él, desandamos los pocos metros boscosos que separan la cima de La Trona de la senda de bajada por el P.R., y seguimos nuestra bajada por toda la pendiente boscosa de encinas y pino. Senda en zigzag y escalones de piedras nos ayudan a bajar rápidos y perder altura enseguida. Llegamos a un claro del bosque y la senda está menos empinada. Cruce de recorridos, caminos. Nosotros seguimos recto hacia abajo ahora por camino hasta el muy cercano Coll de Pedradreta, 655 mts., donde realmente una especie de menhir, de piedra vertical, rectangular y derecha aparece al otro lado del mismo colladito; a un lado de lo que parece un cortafuegos pero que realmente es un camino. Atrás, a nuestra espalda queda la formidable y desplomada roca de La Trona. Preciosa estructura natural de roca y verticalidad.
Desde este Coll de Pedradreta seguimos el P.R. girando hacia la derecha y abajo. Pero enseguida nos cruzaremos con un buen camino, casi pista, que seguiremos hacia la derecha y que no dejaremos hasta llegar a la base del Castell de Montmany, dejando de seguir el P.R. Matías me dice que para llegar al coche que casi es mejor bajar todo el valle, llegar hasta las cercanías de El Figaró y subir por todo el valle de Montmany por la carreterilla que hemos seguido con el coche… no, le digo que casi mejor que no. Hay que seguir un camino que intente cruzar hasta el collado que se encuentra al otro lado del vallecillo del Sot del Bac, que es donde se encuentra el Castell de Montmany y si es posible sin perder altura. Entonces el que mejor está señalado en el Alpina es este por el que ahora giramos. Además pasará casi por debajo de las paredes de los Cingles de Bertí con lo que el recorrido y actividad quedará más completo. Tendremos en la marcha hacia el Castell de Montmany las vistas por debajo, enfrente y atrás de las paredes, si antes las teníamos desde arriba de ellas. Estupendo.
Este camino hace muchas eses y curvas siguiendo el perfil de la montaña, cruzando barranquitos y adentrándose en las lomas bajo las paredes de los Cingles de Bertí. Eso sí, las vistas son excepcionales, especiales y preciosas de las mismas paredes sobre lo que llaman El Bosc Negre. Buena elección. Además no hay pérdida; es el único camino que hay en la zona y no se cruza con ninguno otro hasta llegar al destino por el que debemos seguir la ruta: el Castell de Montmany. A la derecha y luego a nuestra espalda queda La Trona, ahora vista con otra perspectiva pero sigue siendo espectacular. Cuando dejamos de ver dicha roca comienzan a aparecer ciertos cartelitos y signos de que hay alguien, algún loco que no quiere que nadie pase por aquí. Frases como “moriréis en la cárcel”, con plásticos colgando de ramas y arbustos como si fuera una escena de “La Bruja de Blair” o algo así, más que atemorizarnos nos entra vergüenza ajena y una risilla mientras pensamos “¡que majareta!”… ¡Llevad cuidado, pues la casa del “loco” está muy cerca del Castell de Montmany!
Y así, después de una leve subida del camino (ya que había bajado al comienzo para adentrarse en los barrancos bajo las lomas de las paredes) llegamos a más carteles y al colladito desde el que en menos de 50 metros está en otra lomilla cónica el mismo Castell de Montmany. Ya se ha hecho tarde. El recorrido ha sido más largo, en tiempo, del previsto, pero también hemos tenido paradas y contratiempos. Con lo que no nos acercamos a las ruinas del viejo castillo (que se ve muy deteriorado y abandonado) para dejarnos caer por el camino que sigue al otro lado de la loma del castillo, hacia abajo por el valle de Montmany. Ya vemos sus casas al otro lado de la ladera, del barranco Torrent de Maries.
Cogemos el camino algo desgastado que pasa por el lado derecho del castillo y que parece sube un poco. Al otro lado de la subida el camino se hace más claro y usable, y comienza a bajar en diagonal sin pérdida alguna. Con la vista puesta en el vallecillo de Montmany. A nuestra espalda queda el Castell de Montmany y parte de los Cingles de Bertí que ya no veremos, a nuestra derecha quedará la otra parte que nos acompañará en toda la bajada hasta la carreterilla. Pasamos por algún cruce o desvío de caminos: El Romaní. No le hacemos caso y seguimos el camino principal hacia abajo. Al otro lado descubrimos arriba de la loma de enfrente la magnífica Torre de Puiggraciós, que ha sido un referente en esta marcha siempre que la veíamos sabíamos que bajo ella estaba Montmany.
El camino baja con algo de inclinación y después de sendas curvas acaba en una pista más potable, ancha y mejor cuidada. Seguimos dicha pista hacia la derecha como queriendo adentrarnos en las profundidades del valle bajo las paredes de los Cingles de Bertí, que por otro lado nos ofrecen otra imagen espectacular y preciosa desde aquí. Caminando, dicha pista acaba en la entrada del Club de Tennis de Montmany y seguidamente desemboca en la carreterilla que nos sube a las casas de Montmany. Giramos en la carreterilla hacia la derecha y la seguimos hasta que en unos 2 kilómetros llegamos hasta el parking de los coches. Antes hemos tenido la preciosa visión encima de nosotros de esas paredes cortadas y en línea que son los Cingles de Bertí, y nos hemos deleitado con los colores otoñales de los Albers de Montmany que quedan prácticamente justo en la zona del parking. Precioso.
Y con este final de ruta circular por las paredes y rincones de los Cingles de Bertí, acabamos un precioso y curioso recorrido por los pasados límites del Montseny… ¡Hay vida al otro lado del Congost! Pero las paredes no acaban aquí… ya seguiremos explorando la parte de los cingles de Centelles y Aiguafreda.

Croquis del recorrido por los Cingles de Bertí y Montmany. Punto Rojo: parking del coche. Punto Amarillo: lugar donde se cogió la senda equivocada.