Ya habíamos subido unas cuantas veces la cima de la Sierra de Callosa, el Alto del Águila, Cruz de Enmedio, y siempre quedaba un pico alejado, fuera de nuestro alcance. A la derecha, mientras subíamos por la cresta del paso de la roca o llegando a ella, en el collado arriba justo de La Plana, camino de estas alturas, se quedaba al otro lado del hueco que abre el valle de la Rambla de La Pilarica (donde se encuentra la ermita a esta virgen), un encrespado y muy agreste pico al cual no se le veía sitio por donde abordarlo: el San Bernardo.
De vez en cuando veíamos como algunos montañeros llegaba a su cima. Se asomaban. Y parecía increíble el llegar hasta allí, visitar la agreste cima del San Bernardo. Además es un pico, una montaña fascinante: rodeada o culminada con paredes, crestas, espolones, pilares… en su lado este y mirando hacia el mar, el centro de la Vega Baja queda la cresta más agreste, más espectacular y más formidable de toda la Sierra de Callosa (creo yo): la Cresta del Caballo. Que viene desde la pared llamada el Dado; zona de escalada y verticales paredones de roca viva. Impresionante.

Miguel Ángel justo después del paso del salto o de la roca, con la misma roca delante. Arriba la Cruz de Enmedio
Es un pico que en el Pirineo sería considerado, si sobrepasara los tres mil metros, de los poco fáciles o algo difíciles, ya que desde cualquier parte que lo quieras subir, conquistar, hay que usar las manos, hay que trepar o ayudarte de ellas. Y algunas vías, como la V o la Cresta del Caballo, rozan o son de IIIº de escalada. Increíble.
La V del San Bernardo. Desde la cresta del paso de la roca, desde el lado del cordal arriba de La Plana, llegaba a verse una gran grieta, una separación de las rocas, de las paredes, como si fuera un “gendarme” en los Pirineos, pero no demasiado grande ese hueco, esa separación, aunque lo suficiente para verse tremenda y desafiante ¿Cómo podremos superar estos escarpes, estas paredes y precipicios para llegar a la cumbre del San Bernardo? La pasada primavera del año 1.992 mi primo decidió que ya había llegado la hora para acercarnos hasta el San Bernardo para asediarlo y buscar alguna vía, algún rincón más fácil para subirlo y llegar a su aparente infranqueable cima.
Es todo roca. La Sierra de Callosa, el San Bernardo y todas sus vertientes son roca viva. Solo dejan los huecos entre las grietas de las rocas, puestas a veces unas sobre otras como un tetris, a veces como escalones, otras como lisas paredes de una sola roca, una sola y gigantesca mole, y otras cortadas, desgajadas formando esos cuchillares, esas crestas… es increíble; parece que esté describiendo una cima, un pico o un macizo de alta montaña, pero no, es la Sierra de Callosa que no llega a los 600 metros de altura.
Subimos por el acostumbrado barranco que nos lleva hasta La Plana desde la Ermita de La Pilarica igual que narro en La Sierra de Callosa. Nuestro desafío particular. Y seguimos el recorrido, otras veces realizado y acostumbrados a pisarlo, hasta la misma cima de La Cruz de Enmedio. Pero sin quitar la vista del San Bernardo; que va cambiando de forma, de perfil a medida que avanzamos por la sierra, por sus crestas. En aquellos tiempos, primeros años en nuestras subidas por la Sierra de Callosa, no conocíamos P.R. ni recorridos que hoy día nos indican y señalan los callosinos. Además que entonces no existían dichos P.R., solo marcaban las subidas, los recorridos en algunas ocasiones con pintura verde y roja (como era la subida por La Plana) o roja y amarilla (como las que había en la subida al Zulum desde Abanilla). Sin carteles, fascines, folletos… solo algún libro de Rafael Cebrián nos guiaba por aquellas montañas del Levante, o los consejos o indicaciones de los oriundos conocedores de la sierra.
Desde la cima de la Cruz de Enmedio en lugar de girar a la izquierda buscando el pico más alto de la sierra, comenzamos a bajar por el lado contrario (o casi), mirando al noreste hacia el cordal que nos llevará, inequivocadamente, hasta la cima también inequívoca del San Bernardo. Y entonces nos encontraremos con el recorrido descrito en La Sierra de Callosa. La joya de la Vega Baja, cruzando el famoso cuchillar de la cresta del San Bernardo y comenzamos a subir las laderas rocosas ya pertenecientes al pico, hasta al peñasco separado por la V de la misma cumbre del San Bernardo. Es la primera vez que visitamos este lugar, este agreste y casi peligroso paso: se rodea el peñasco por el sur y se baja a la brecha y comienzo de la pared de la V. Delante una pared con agarres y casi desplomada que nos sube a una terracita de piedra, gran roca sobresaliente pero llana en su parte alta.
Nos quedamos aquí. No superamos la V. Solo íbamos mi primo Miguel Ángel y yo, pero no nos atrevimos a escalar la pared de la V con el precipicio y casi vacío vertical que quedaba a la derecha y sur del paso, de la pared, de la escalada, con el peligro de resbalar y caer por el mismo con seguridad, y con una muerte casi igual de segura en la caída. Una pareja de callosinos están al otro lado de la V. Bajan de la cima del San Bernardo. A éstos no les da miedo la V y parecen que la suben y bajan sin problemas ni reparos… pero nosotros no tenemos tanta costumbre o experiencia como para meternos en este tipo de líos ¡¿Qué hacemos?! Nos quedamos sin subir al San Bernardo. Nos pareció increíble. Yo creo que fue la primera vez que no llegamos a la cima de un pico, de una montaña, la cual nos proponemos conquistar… y fue en el primer intento al San Bernardo en la Sierra de Callosa, al lado de casa.
Pero mi primo, mientras almorzamos en la cima del peñasco anterior a la V, observa como un hombre de edad mediana casi avanzada recorre las paredes, rampas y rincones de las vertientes del San Bernardo para, desde el colladito anterior al peñasco de la V, llegar a la cima del San Bernardo sin pasar por la misma desafiante V… ¡¡Hay otro paso!! Mi primo se queda con la copla, pasos, pasillos de roca, rampas de roca… por donde ha pasado este personaje. Y digo personaje porque esta persona, cuyo nombre no recuerdo o incluso nunca supe, era uno de los viejos montañeros que casi cada día, cada semana, acompañado por otro amigo de la misma edad, que ya en aquellos tiempos se había retirado de subir y meterse por estos rincones de la sierra, se recorrían y habían abierto caminos y rutas por toda la sierra desde hace muchos años… es curioso; siempre diré que cuando una sierra es más agreste, difícil y con supuestamente menos posibilidad de encontrar o abrir caminos, sendas, recorridos por ella, es cuando más hay… Supongo que será siempre más interesante abrir y descubrir caminos y vías en éstas agrestes sierras y montañas, que en otras más llanas onduladas o fáciles de recorrer.

Llegando a la V del San Bernardo. Con la pared noroeste a la izquierda donde existe un paso para no cruzar la V, ni es el recorrido del actual P.R.
Entonces poco tiempo después mi primo decidió volver al San Bernardo, no podía dejar pasar mucho más tiempo para descubrir los nuevos pasos y poder llegar a la cima del pico. Desde el nombrado colladito antes del peñón anterior a la V, lo bordeamos por abajo y el lado izquierdo, norte, hasta llegar a la canal que baja justo del hueco de la V. Al otro lado encontramos algunas rampas oblicuas de roca que suben hasta la parte aterrazada justo arriba de la V. Esta parte es algo expuesta, pero nada comparado con la escalada de la V. Aunque realmente la pared de la V solo son 4 o 5 metros, y la separación entre los “palos de la V” no debe de ser más 3 o 4 metros; es por ello que nos contaron que algunos callosinos llegaban a saltar el hueco de la V para no tener que trepar o destrepar… algo de lo que no hemos sido testigos.
Por fin llegamos a la terracita que queda entre la V y la cima del San Bernardo. Miramos el tramo de la V que ahora queda a nuestra espalda; no la habíamos visto desde este lado nunca. Ahora solo tenemos que seguir las rocas que van elevándose delante nuestro hasta llegar al punto donde una especie de estaca con una casita en su parte más alta, clavada en la cima, en donde una especie de imagen, escultura pequeña nos dice que es la representación del santo Bernardo. Ya estamos en la cima, a 454 mts. Antes hemos cruzado por un paso entre rocas interesante para llegar hasta el lugar; que por cierto no es picudo ni pequeño, pueden estar numerosas personas disfrutando de la cima tranquilamente.

Cima del San Bernardo, 454 mts. Detrás la cresta y cordal que viene de la Cruz de Enmedio y Alto del Águila
Y por fin hemos llegado a la desafiante, escarpada y espectacular cima del San Bernardo, y no paramos de observarlo y admirarlo todo alrededor del mismo. Sobre todo sus crestas, espolones y escapes que lo forman, así como paredes y precipicios. Es impresionante. Me quedo boquiabierto mirando hacia el este, hacia la parte contraria por la que hemos llegado: abajo está la escarpada, afilada y agreste Cresta del Caballo… ¡¿Quién podrá pasar por ahí?! Parece peligroso y arriesgado. Realmente es un paso calificado de IIIº en las dificultades de escalada en la montaña. Sorprendente y escalofriante, bastante escalofriante la primera vez que observamos la Cresta del Caballo desde la cima del San Bernardo. Mirando hacia el oeste, hacia la cima más alta de la Sierra de Callosa nos damos cuenta de la espectacularidad de las vertientes que bajan de la Cruz de Enmedio, llenos de crestecillas rocosas, laderas verticales, paredes, precipicios, cordales angulosos o encrespados… es fascinante la imagen, preciosa, magnífica… También podéis encontrar la descripción de la experiencia de llegar a la cima del San Bernardo en La Sierra de Callosa. La joya de la Vega Baja.
En resumen es una montaña magnífica, impresionante, atractiva… desafiante, escarpada y muy rocosa, todo roca. No dejéis de subirla si tenéis oportunidad; es propiamente una verdadera joya dentro de otra gran joya.

Vistas hacia la Vega Baja y montañas de Alicante: Abajo Cox y Granja, en el centro izquierda Albatera, en el centro al fondo Crevillente, al fondo derecha Elche y parte de la Laguna del Hondo. A la izquierda la Sierra de Crevillente, al fondo desde el centro a la derecha: Sierra del Cid, Maigmó, Carrasqueta, Aitana y Puig Campana

Desde el Alto del Águila otras vistas a la Vega Baja: A la izquierda Rafal y detrás la Laguna de La Mata, en el centro San Bartolomé y Benejúzar detrás de éste, entre ambos se aprecia el curso del Río Segura después de su encauzamiento, detrás la Laguna de Torrevieja
Para volver, lo que hacíamos era desandar lo recorrido. Toda cresta al revés en busca de la Cruz de Enmedio cruzando de nuevo los pasos de roca, pasillos y verticales vertientes bajo la V, el cuchillar de la cresta que lleva el nombre del pico, toda la loma rocosa y cimera hacia arriba en busca de la nombrada Cruz de Enmedio. En aquellos años desconocíamos los caminos o recorridos entre las escarpadas y verticales paredes, precipicios de la sierra que habían abierto los callosinos; hoy día indicados como P.R., como podéis encontrar en el relato antes nombrado de La Sierra de Callosa. La joya de la Vega Baja. Por aquellos entonces debíamos volver a la cima de la sierra, cosa que aprovechábamos y visitábamos el punto más alto de la misma que queda muy cerca, el Alto del Águila, a 572 mts. de altura. Magnífico y muy aéreo mirador del sur de Alicante y hacia su hermana la Sierra de Orihuela.
La bajada de la cima de la sierra, como en La Sierra de Callosa. Nuestro desafío particular, la realizábamos bajado hasta La Plana y el Barranco que desde La Plana llega a la Ermita de La Pilarica. Realmente la actividad es completa con trepadas, desafíos, precipicios, vistas increíbles, crestas, pasos entre las verticales paredes… fenomenal y espectacular.
Con el paso del tiempo y la experiencia aprendimos a cruzar la V del San Bernardo trepando por la pequeña pared desplomada. Entretenida y emocionante, se cruza sin mirar a la derecha el vacío del precipicio hacia la población de Callosa. La caída es notable y peligrosa; pero la trepada no es tan aérea; eso sí, hay que aprenderse los pasos para no tener que ir buscando los agarres al deshacer la trepada a la bajada del pico. Realmente son 3, 4 pasos que nos sirven para que al llegar a otras altas y escarpadas montañas, no nos dé miedo el subirlas, el conquistarlas, pensando “si yo he subida el San Bernardo, esto es pan comido”.

Croquis de la antigua ascensión al San Bernardo. Pico Cortado: San Bernardo. Punto Rojo: V del San Bernardo. Punto Verde: Cruz de Enmedio. Punto Amarillo: Ermita de La Pilarica