Ya hacía 10 años que había subido mi primer pico en los Pirineos, y justamente el pico más alto de los mismos, el Aneto, en aquella épica “expedición” hacia uno de los lugares ahora más visitados y “castigados” de la cordillera.
Y es mi compañero Jesús Santana al que se le ocurre la idea de que ya tenía que subir al pico más alto del Pirineo, este Aneto, que no lo tenía conquistado; y sabiendo que yo lo tenía hecho, quedamos en realizar un viaje al Pirineo para subir este Monarca del Pirineo, y casi que “servirle de guía”. No sé si ya tenían intención o planeado, el caso es que Zaida y Javi Berenguer también se apuntaron a la aventura; y así organizamos una salida al Pirineo de Huesca, a Benasque, para el puente del 12 de octubre.
La subida al Aneto será la misma, el mismo recorrido y casi actividad, que la realizada hace 10 años y descrita en Descubriendo los Pirineos. Pero esta vez tendremos algunos condicionantes o características que hará la aventura sea diferente. Uno de ellos es el estado de la propia montaña y más concretamente de su glaciar, antaño admirado y temido, poco a poco es menos extenso y según el año, más deshecho y peligroso. Justo este año, en verano ha hecho el acostumbrado calor y no ha precipitado nada, y cuando tenían que venir los primeros fríos, nieves o precipitaciones del otoño, resulta que ya estamos casi a mediados de octubre y parece que estemos en una extensión infernal del propio verano… solo que ha bajado un poco la temperatura por que el sol ya no radia tanto al ser los días más cortos. El cambio climático. Lamentable.
Otra diferencia a hace 10 años es que no pasaremos la noche en el famoso Refugio de La Renclusa, si no que cogeremos las tiendas de campaña y subiremos hasta los ibones de La Renclusa o Paderna que se encuentran un poco más arriba del nombrado refugio, hacia el oeste. También que en lugar de pasar por el Portillón Inferior, subiremos por el Portillón Superior, realizando el recorrido más normal o habitual de ascenso al Aneto. Y que después de subirlo, al día siguiente visitaremos, el famoso lugar del Pla d’Aigualluts donde se encuentra el Forau d’Aigualluts; la caverna y galería que se traga el agua del río que baja del Valle de Barrancs; ya que se encuentra en la parte más honda del valle y al final (rio abajo) del Pla d’Aigualluts; y aparece en el Valle de Arán de forma casi extraordinaria e impresionante, ya que el recorrido del agua por el interior de la tierra es de centenas de metros y deja la vertiente sur del Pirineo para aparecer en la vertiente norte del mismo, de la cuenca del Ésera a la cuenca del Garona. Increíble.
Salimos de Alicante en busca del Pirineo, del Valle de Benasque, y cogemos la carretera que sigue valle arriba en busca del Hospital de Benasque, como si fuéramos al Plan de La Besurta donde dejamos el coche hace 10 años para subir al Refugio de La Renclusa. Pero en estos años las visitas a esta montaña, a este lugar, a este refugio se han multiplicado exponencialmente… ya en aquel intento de subir a Aneto hace 4 años con los amigos alicantinos, el Refugio de La Renclusa lo habían ampliado y ya muchos montañeros, curiosos y turistas ocupaban las habitaciones a medio terminar… con lo que habían restringido o prohibido el llegar en coche hasta La Besurta, y se había adaptado un parking en Plan d’Estan.
Llegamos hasta donde nos dejan seguir, hasta la valla o cadena del camino en las proximidades de Plan d’Estan, que impide seguir en coche hasta La Besurta. Y de aquí seguimos con los mochilones, tiendas y material, en dirección a La Besurta y al Refugio de La Renclusa, caminando al principio por la pista principal. Ya que existe una senda y recorrido marcado con el G.R.-11 que pasa por el lugar y sigue en la misma dirección hacia La Besurta, pero no recuerdo exactamente si lo seguimos en su totalidad hasta el lugar nombrado. Sí que es verdad que a mitad de camino nos podemos desviar hacia la derecha siguiendo dicha senda para llegar justo al enlace entre el camino o lugar de La Besurta y la subida al Refugio de La Reclusa. En todo caso si cogemos la senda y el recorrido del G.R.-11 no lo dejaremos hasta llegar a las puertas del Refugio de La Renclusa.
El día es muy bueno y soleado, incluso caluroso para la época del año. Como he dicho antes, parece la continuación del verano que no quiere acabar. Menos el día de cima, donde las nubes abordaran las cumbres más altas del macizo, incluido al Aneto; los días fueron muy despejados, soleados y templados. Excelentes.
Una vez en La Besurta solo tenemos que seguir el recorrido ya descrito en mi primera visita al Aneto y en poco tiempo llegamos hasta las puertas del Refugio de La Renclusa. Pero esta vez no nos quedaremos a dormir en él, abarrotados este puente de montañeros. Una vez estamos ya en la puerta del refugio, cogeremos una senda que se dirige hacia el oeste, pasando por las cercanías de la ermita de la Virgen de Las Nieves, como si fuéramos a subir al Pico de Alba. Entonces subiremos una corta senda que parece se interna entre escarpes y paredes por una especie de pala o vallecillo. En la parte más alta de esta senda que comienza a allanarse, encontraremos al otro lado un precioso ibón o lago de alta montaña y la sorpresa de una montaña picuda, muy puntiaguda y escarpada, muy vertical, preciosa, el Pic de Paderna, al otro lado de una magnífica barrera y pared rocosa. Espectacular.
Antes de bajar a las orillas del ibón de La Renclusa o de Paderna, buscamos algún sitio entre las rocas, la hierba mullida y los pinos en una zona lo más llana posible, entre la bajada al Refugio de La Renclusa y el mismo laguito. Realmente el lugar es precioso y encantador. Montamos las dos tiendas iglú y merodeamos por la zona. Hago fotos hacia la preciosa vista del el Ibón y Pico de Paderna. Estamos a poco menos de 100 metros más alto que el Refugio de La Renclusa pero en el lado contrario a la subida hacia los Portillones. Al atardecer aparecen algunas nubes bajas por el valle, por debajo de nosotros y algunas laderas de la montaña… pero justo cuando se pone el sol, desaparecen para que nos dejen hacer unas fotos fenomenales y excepcionales al Pico de Paderna.

Amanece en el Ibón de La Renclusa o Paderna bajo el Pico de Paderna, y al fondo la Tuqueta Blanca de Padera
Al otro día salimos en busca de la Cresta de Los Portillones y del Aneto. Deshacemos el camino de subida entre La Renclusa y nuestro campo base, pero antes de llegar a la zona del refugio, intentamos girar en busca del recorrido de subida entre el Refugio de La Renclusa y la Cresta de Los Portillones. El mismo recorrido descrito en mi primera visita al Aneto, pero justo al llegar a las cercanías del Portillón Inferior, giramos hacia el norte paralelos a las paredes y escarpes de la cresta que va subiendo hacia la Maladeta, quedándose a nuestra izquierda mientras subimos.
La subida es caótica, hitos por aquí, hitos por allá, cada uno por un lado. Hemos visto otras tiendas y acampados en la ladera cercana al refugio que baja de La Maladeta, no somos los únicos que hemos acampado por los alrededores. Entre el Portillón Inferior y el Portillón Superior subimos por una ladera llena de piedras y rocas sueltas, muy incómoda y pesada, además de inclinada; los zigzags son interminables. Pero entre los dos portillones también se puede ir por la parte más alta de la cresta, la Cresta de Los Portillones, cosa que igual es más factible y menos incómoda que pasar por el lado de la misma. El caso es que tenemos que llegar hasta la “puerta” del Portillón Superior. Mientras subimos llegamos a admirar, mirando hacia arriba de la rocosa ladera, las formas y perfiles de las montañas y picos de La Maladeta, con el picudo Maladeta a la izquierda, su glaciar bajo ella a la derecha y los picos Sayó y Mir arriba a la derecha, aunque menos espectaculares que el picudo y elegante Maladeta.
Y por fin llegamos entre grandes y pequeñas rocas al Portillón Superior, en medio de la Cresta de los Portillones, se abre como un verdadero tajo en mitad de la cresta para darnos paso entre un lado y otro de la misma. Excepcional. Hay más gente por aquí admirando el paisaje y el recorrido realizado. Parados mientras toman bocado. Incluso vivacs de roca, como en el Portillón Inferior, para el que quiere plantar su tienda más cerca de estos gigantes del Pirineo.

De izquierda a derecha: Jesús, Zaida y javi en el Portillón Superior, 2.892 mts., detrás de izquierda a derecha: Aneto, Pico de Coronas, Pico de Enmedio y Punta d’Astorg
Comemos algo. Estamos a una altura de 2.892 mts. Foto de grupo con las vistas al otro lado del Portillón de la magnífica cadena de picos de más tres mil metros, finalizada al final por el altivo Aneto; Pico del Medio, Coronas… y bajo éstos la extensa masa de hielo agonizante, comparada con hace 10 años, del Glaciar del Aneto; que aun así se muestra desafiante y magnífica. Podemos decir que hemos utilizado la misma ruta normal que aquella para acercarnos al Maldito por su lado norte… aunque sin girar hacia el sur buscando el Collado Maldito, si no que siguiendo en diagonal la ladera desnuda de hielo, llena de piedras y rocas, hasta pisar las congeladas y extensas lenguas enfermas del Glaciar del Aneto. Es fácil, solo hay que seguir a la exagerada romería que quiere conquistar la cima más alta de los Pirineos; y como antes, podemos seguir la guía de mi primera ascensión a este abarrotado Aneto.
Zaida y Javi parece que se adelantarán en este recorrido en busca de la cima del Aneto. Jesús y yo subiremos hasta los límites del glaciar para abordarlo y cruzarlo en busca de las faldas del Aneto. Nos acercamos a las paredes de la montaña del Pico de Coronas, hemos dejado arriba de nosotros las desafiantes y terroríficas paredes del Pico Maldito-Pico del Medio.
Hecho una mirada al Glaciar del Aneto, comparado con hace 10 años han aparecido bandas rocosas en medio del mismo que parece lo quieren partir en dos, además de que sus límites más bajos, han subida de altura… ¡es una verdadera pena! De todas formas, andar y merodear por él aún es emocionante y peculiar, fascinante… estamos sobre un monstruo en peligro de extinción… es como ver un dinosaurio en medio de una selva ancestral. Aquí ya se nota el frio del hielo y de la sombra de la montaña, aparte de que las nubes comienzan a salir e inundar el cielo de estas montañas… pronto las cubrirán…

Bajando del Portillón Superior hacia el Glaciar del Aneto, delante de izquierda a derecha: Aneto, Pico de Coronas y Pico de Enmedio
Cruzando el glaciar para buscar las formas del mismo menos inclinadas y factibles, casi llegamos hasta las paredes del Pico de Coronas. Aquí comprobamos una extraña formación entre la nieve y el hielo: una rimaya abierta y muy desprendida, separada, de la roca, o algo así. Espeluznante y misterioso efecto montañoso a la vez. Los montañeros lo fotografían, pero después las fotos, como muchas veces, no reflejan la realidad. Delante, siguiendo la alineación de la pared del Pico de Coronas por fin ya tenemos al gigante que queremos conquistar, el Aneto, que justo a estas horas comienzan a invadirlo las nubes e intentan mostrarlo invisible y a la vez fascinante, entre sus cortinas blancas y grises.
Ya solo tenemos que seguir hasta las inmediaciones del Collado de Coronas, sin llegar a él en ningún caso, para dirigirnos a las pendientes inclinadas de hielo vivo que bajan desde el mismo Aneto y Punta Oliveras-Arenas hasta confluir con el resto del destartalado glaciar… ya estamos en las faldas del Aneto.
Las puntas de los crampones se clavan mínimamente, el hielo está muy duro, el glaciar en este punto está tan derretido que ha transformado el hielo que queda superficial en algo más duro que la roca más dura. Y la pendiente es muy inclinada, peligrosa, a pesar de que los pequeñitos agujeritos de los crampones abren un supuesto camino, del que no podemos contar como ayuda salvo el visual, nos indican el camino a seguir, a “clavar”. A mitad de esta peligrosa subida Jesús, por debajo de mí, resbala y lo veo caer sin posibilidad de pararse por un hielo con rozamiento 0, increíblemente resbaladizo e inclinado… pero por suerte una roca pocos metros más abajo lo para, una roca providencial, casi milagrosa. El piolet es inútil aquí, nunca se clavaría en este hielo… a menos que encuentre alguna grietecilla mientras araña el hielo en la bajada… El susto dura poco pero ha sido muy intenso… la cara blanca de Jesús lo dice todo. “¿estás bien?”. Jesús se rehace, se calma, e intenta subir de nuevo con más cuidado por la peligrosa pala helada, resbaladiza de subida al collado entre el propio Aneto y la Punta Oliveras-Arenas… nunca había visto este hielo tan descarnado, peligroso y extremadamente resbaladizo; me ha dejado muy sorprendido este cambio tan letal en la montaña.

Cruzando el Glaciar del Aneto, arriba entre nubes la Punta d’Astorg en el centro derecha y el Pico de Enmedio más cubierto a la izquierda
Las nubes ya nos invaden. Como hace 10 años no veremos el paisaje, pero sí los precipicios a cada lado del Paso de Mahoma, ya que después de llegar al collado entre la cima del Aneto y la Punta Oliveras-Arenas, poco más arriba llegamos hasta la plataforma donde comienza el Paso de Mahoma. Puedo recordarlo de aquella vez de hace 10 años como era el Paso de Mahoma del Aneto. Entonces la roca estaba helada, nevada, ahora estaba la roca limpia, perfecta para cruzarla.
Javi y Zaida ya están deshaciendo el Paso de Mahoma bajando de la cima del Aneto. Les hago una foto donde sale perfectamente las rocas de la corta cresta. Ahora nos toca a Jesús y a mí. Como siempre hay mucha gente en un sitio muy pequeño y solitario, así que le digo a Jesús de cruzar el paso en “babaresa” en lugar de hacerlo por lo más alto de las rocas de la cresta, de esta manera dejamos que los miedosos se queden parados en ella, mientras nosotros cruzamos por el lado mirando al norte de la misma, por la pared, cogidas nuestras manos a los bordes de las rocas cimeras y nuestros pies en los resaltes o pequeñas cornisas de las mismas… y así, con pocos o ningún contratiempo, cruzamos el “fácil” Paso de Mahoma hasta la cruz y “altar” a la Virgen del Pilar en la cima del Aneto, a 3.404 mts. de altura.
Las nubes han cubierto la cima, pero no hay niebla en ella, aun así, impiden que podamos admirar el paisaje… es la segunda vez que subo esta montaña y la segunda vez que no puedo disfrutar de las vistas desde el pico más alto del Pirineo. Fotos y recuerdos. Solo estamos Jesús y yo, Zaida y Javi ya deben de andar por mitad del glaciar de bajada. La cima está desnuda de nieve. Es algo espeluznante. Este verano que se ha alargado sin dejar paso a los fríos y precipitaciones, está haciendo mucho daño a las montañas pirenaicas.
Después de poco tiempo decidimos bajar. Nos lo tomamos con calma, como aquel que disfruta del sabor de un helado y no quiere acabarlo nunca. Las nubes descubren algo las vistas del maltrecho glaciar desde las alturas bajando la helada y peligrosa ladera noroeste del Aneto: se ve maltrecho, con algunas grietas en su lomo pero mucho más delgado y agonizante… quizás es la perspectiva, que se ve tan supuestamente pequeño al lado de los gigantes de roca que quedan arriba de él y al otro lado. A ese otro lado, el Maladeta aparecía como un precioso y vertical, así como minúsculo pináculo en lo alto de unas paredes marrones rojizas, verticales y totalmente resquebrajadas, rotas, como su tuvieran cientos de canales, acanaladuras, arañazos de alguna zarpa gigante… de hecho las paredes del Maldito también eran así… es la erosión del granito pirenaico. Justo al verla pensé en que tenía que subirla un día, no me importaban el resto de picos del Macizo de Los Montes Malditos, solo quería subir la Maladeta… y no fue años después en un intento de subir al Maldito por su pared norte, que subí por primera vez esta excepcional montaña, la que llamaban y creyeron hace años que era “la más alta”, La Maladeta.
La bajada del Aneto al Portillón Superior fue tranquila y espaciada, disfrutando, con tiempo, intentando recorrer el mismo camino que habíamos realizado en la subida pero desandándolo, incluso aún había gente que subía al Aneto cruzando el glaciar, mientras nosotros ya estábamos de vuelta… hasta que se nos hizo de noche… pero antes de oscurecer por alguna razón perdimos el camino hasta el Portillón Superior siguiendo unos hitos “falsos” o perdedores que nos internaron en uno de esos campos de rocas gigantescas, desprendidas y desgajadas de las paredes de estas montaña, que aparecían como un verdadero y gigantesco obstáculo. Yo saltaba de roca en roca confiando en mis pies, mis botas, mis piernas como siempre había hecho, aunque el mal consejo de aquella chica de la Tienda Bazar La Tierra de Alcantarilla hizo que me comprara unas Bestard Baltoro talla y media mayor que mi pie, y los talones me sangraban y sufría… creo que ya no me las puse más para ir a la montaña, a pesar de ser una de mis botas favoritas para la alta montaña. Mientras, Jesús intentaba bajar, subir, esquivar las rocas tardando mucho más tiempo que yo, teniendo que esperarle entre roca y roca. Al final mi paciencia acabó y le amine, al ver que nos iba a coger la noche: “Venga Jesús que cada paso mío son siete pasos tuyos”. Evidentemente le sentó mal la expresión, y desde entonces comenzó a recordarme la frase y momento llamándome “el siete pasos” cada vez que teníamos ocasión.

Delante Jesús bajando del Aneto, abajo lo que queda del Glaciar del Aneto y arriba el Maladeta con la Cresta de Los Portillones a su derecha
Con algo de luz cruzamos el Portillón Superior, y la bajada por el zigzag entre las rocas y piedras al oeste de la Cresta de los Portillones se hizo más llevadera, pero para no llegar al Refugio de La Renclusa ya casi en noche cerrada, decidí que giráramos a la izquierda sin perder altura como intentando atravesar para buscar las inmediaciones de la ladera y lomo donde teníamos las tiendas. De esta manera y con la negror de la noche, nos metimos en otro berenjenal que yo creo hizo que tardáramos más en cruzar la ladera en diagonal hasta encontrar nuestras tiendas, que no el tener que haber bajar un poco más y después subir hasta las tiendas por la vieja senda que va del refugio al Pico de Alba pasando por nuestro vecino Ibón de Paderna. Ya que solo viendo con nuestras linternas frontales a corta distancia, a veces nos topábamos con escarpes verticales que no podíamos pasar o por espesos matorrales que eran imposibles de atravesar y teníamos que volver, retroceder, unos pasos para franquear, en la oscuridad, estos contratiempos. Fue realmente desesperante la vuelta a las tiendas… pero finalmente llegamos, en mitad de la noche, cuando Zaida y Javi ya habían cenado.
Al otro día nos lo tomamos más pausado y calmado. Ya está hecho el objetivo y ahora para bajar al coche después de desayunar pasaríamos por el Pla d’Aigualluts y veríamos el sorprendente fenómeno geológico del Forau d’Aigualluts. El día vuelve a ser radiante y soleado. Nos abrigamos poco para desayunar junto a las tiendas y después las desmontamos y nos emparejamos los mochilones para emprender el recorrido, bajo la atenta mirada de la excepcional y puntiaguda aguja, pequeñita, pero en lo más alto de una fenomenal barrera, pared de roca, El Maladeta, y sus hermanos menores Sayó y Mir, como gigantescos promontorios rocosos poco más a la derecha.
Con ya el mochilón a cuestas, bajamos la senda por la que subimos hace dos días desde La Renclusa, deshaciendo este camino y una vez llegamos hasta las puertas del Refugio de La Renclusa y cogemos una senda que sale justo detrás de la construcción en busca de las laderas rocosas y un collado que queda justo arriba. Además aquí podemos seguir las marcas del G.R-11 que nos subirán ladera arriba en dirección este hasta un collado, el Collado de La Renclusa, a 2.282 metros. No tiene pérdida.

Acampando cerca del Ibón de La Renclusa o Paderna, arriba La Maladeta a la izquierda y los picos Sayó y Mir a la derecha
Las vistas desde este collado son diferentes pero excepcionales, parece mentira que estando tan cerca veamos un paisaje tan diferente al acostumbrado, con montañas y valles nuevos: abajo queda el singular llano del Pla d’Aigualluts, y seguidamente valle arriba, el hueco de la fenomenal Valleta de La Escaleta. Pero antes nos topamos con una montaña arriba de nosotros curiosa al principio pero espectacular y atractiva con el paso de los segundos después de descubrirla: Las Forcanadas. Dos agujas redondeadas y altivas que surgen de la misma roca, de la misma pared vertical y recortada. Son preciosas y espectaculares… como en La Maladeta, me surge el capricho de algún día llegar hasta sus cimas, aunque no sean tresmiles; son impresionantes e impactantes.
Seguimos la senda y G.R.-11 ahora de bajada en busca del Pla d’Aigualluts, siempre en dirección oeste, suroeste, con el objetivo de bajar al llano que se asoma en el fondo del valle. No hacemos caso a una senda que sale a la derecha y que sube al Ibón del Salterillo, nosotros en bajada siguiendo las marcas del G.R.-11. Llegamos al llano del valle, estamos en el Pla d’Aigualluts. Seguimos el valle hacia el suroeste recorriéndonos los bordes del mismo hasta la parte que empieza a subir o a internarse en el Valle de Barrancs. Paseamos por este curioso lugar. Es una especie de llano apantanado, con muchos regueros, regatas, riachuelos y con tapiz muy verde y con apariencia esponjosa. Una vez llegamos a la punta del lugar, volvemos por otro camino o senda contraria y pegada a las laderas contrarias a las que veníamos. Ahora giramos hacia el norte valle o plana abajo, en busca del Forau d’Aigualluts.
Justo en la entrada de la zona llana de valle que se abre formando el Pla d’Aigualluts, está el enorme agujero, caverna, sima, por el que se cuela toda el agua que baja del Pla d’Aigualluts que hace como de colector de las aguas del Valle de Barrancs, otros valles y ríos de las montañas que quedan justo en la frontera con Francia, y las del lado contrario, todas las aguas que bajan del Glaciar del Aneto, y las montañas que lo rodean, desde el Maldito, hasta el mismo Aneto, y de las montañas que bajan sus aguas al Valle de Barrancs… y todas estas aguas que se acumulan plácidamente en el Pla d’Aigualluts, se cuelan después por esta curiosa sima, agujero, para aparecer a centenares de metros en el Valle de Arán para formar parte de la cuenca del Garona. Formidable. Dantesco.

Delante Zaida y Javi en el Collado de La Renclusa, 2.282 mts., camino del Pla de Aigualluts, al fondo Las Forcanadas
Del Forau d’Aigualluts seguimos la senda valle abajo, hacia el norte, noreste, derivando en la senda que sube al Refugio de La Renclusa, cerca ya de La Besurta. Solamente tenemos que girar a la derecha y norte para seguir esta senda, y ya nos encontramos con las marcas del G.R.-11. Entonces solo tenemos que desandar el camino del primer día que salimos del Plan d’Están para subir al Ibón de La Renclusa o de Paderna; o bien por la senda y recorrido G.R.-11 o por la pista, o combinando una y otra como en la subida. La idea es llegar al aparcamiento del Plan d’Están donde habíamos dejado el coche.
Acabamos así este viaje emocionante y nostálgico para recordar aquella primera subida al Monarca del Pirineo, para ver cómo ha cambiado la montaña, sobre todo el glaciar más extenso del Pirineo, porque parece que no, pero las montañas cambian, las experiencias se acumulan y las emociones se acentúan. Y de nuevo en la cima del Aneto, como hace 10 años. Y ese apelativo del “Siete Pasos” que quedará por siempre de forma irónica, sarcástica pero divertida, escrita en la amistad con mi compañero Jesús Santana. Inolvidables.

Croquis del ascenso al Aneto y recorrido por Pla d’Aigualluts desde el Ibón de Paderna. LINEA AZUL OSCURA: Recorrido entre el parking de Pla d’Estan y el Ibón de Paderna. LINEA AZUL CLARA: Ascenso al Aneto. LINEA AZUL CLARA DISCONTINUA: posible recorrido para enlazar la subida al Ibón de Paderna con el ascenso a la Cresta de Los Portillones. LINEA AZUL TURQUESA: recorrido hacia el Pla d’Aigualluts y vuelta a La Besurta. PUNTO ROJO: aparcamiento de Plan d’Están